Hace dos años que formamos este Club. En un principio eramos sólo Silvia y yo. Las dos despechadísimas porque nuestros novios nos habían dejado de una forma poco elegante. A ella por teléfono y a mi por mail. Después se nos unió su amiga Graciela. Además de ser las tres ex-novias debíamos buscar alguna otra cosa en común. La edad no podía ser, pues Silvia es tres años mayor y Graci dos años menor que yo. Entonces, qué. Pues ya está, la tres eramos morenas. No castañas, ni cobrizas, no no, bien morenas, de pelo negro. A partir de ese momento seríamos el club de las ex-novias morenas.
Un mes más tarde encontramos a otra chica en nuestra misma situación, Tamara. Lo acababa de dejar con el novio pero su caso superaba el de todas nosotras con creces. Vivía desde hacía cuatro años con su chico, cuando él decidió de la noche a la mañana marcharse al extranjero con una turista de un país asíatico muy lejano del que nunca había oído hablar antes. De repente, se encontró sóla, con un alquiler que pagar, con un montón de muebles y letras por pagar. Un desastre. Además, no había forma de localizar al novio, ni por mail ni por teléfono. El único problema es que Tamara era… rubia. Aunque por solidaridad con nosotras, se tiño a moreno. Y he de decir que le queda mucho mejor .
Bueno, ¿y qué hacemos como miembros del club de la ex-novias morenas? Pues poca cosa, la verdad. Al principio solíamos quedar para tomar café y hablar de nuestras penas y poner verdes a nuestros ex-novios. La verdad es que nos ayudó bastante, es un consuelo poder contarle tus historias a personas que han vivido lo mismo que tú y contar con su apoyo incondicional. Inventábamos venganzas absurdas contra nuestros ex o situaciones en las que ellos quedaban totalmente humillados. Después, cuando ya estabamos un poco más recuperadas, lo que hacíamos era salir a ligar con chicos, pero de un modo muy de ex-novia, es decir, sin buscar nada serio, sólo rollos esporádicos.
Hemos elaborado incluso un decálogo de nuestros ideales: